Tuesday, August 08, 2006

Palabras de mi madre (el final).

Recuerdas cuando íbamos a pescar a Coliumo?, ese día que sacamos como 100 locos y comías arroz en la olla, toda risueña, sentada en la arena, está vivo en mi, como los días en el barrio universitario, patinando como bólido a tus 5 años, en la cancha que había ahí. Ah! y los odiosos días de Lunes a Viernes en que debías ir a la Providencia, llorando sin falta, con tu impermeable rojo brillante y como me esperabas a los pies de un Jesús grande que había en el hall y mirando una foto de Pinochet, cuyo nombre escribías antes que el tuyo de tanto verlo (¡que horrorrr!). Pero bueno, llantos más o menos, en mayo de tu primer año ya leías y escribías y tomabas apuntes en las charlas a las que íbamos, donde a veces yo era asistente y otras la “charlista”. Recuerdo esos blocks, con tu letra grande y apuntes como “como despertar la conciencia”, preguntas como “¿qué es el semen?” y tus ronquidos suaves entre los cojines, cuando se te acababa la cuerda.

¡Eras tan adaptable!, la tía flaca, decía que eras como una pelotita de goma que se acomoda donde la dejen. En ese tiempo-5 o 6 años-eras fanática de Victor Jara y escuchabas un cassette que te regaló Juan y del que nunca te separabas. Ah! y de tus pedidos para las veces que hacíamos el aseo: “ponme el Beethoven”, claro, porque él era tu amigo de confianza, lo escuchabas desde antes de nacer y a Mozart, aunque yo no sabía de la teoría de Mozart que ahora todos manejan. Y todos esos conciertos, charlas, películas y demases allí, junto a la catedral ¿te acuerdas? Ah! y tu primera aproximación a la ópera con la Paty, a la que no fui, pero como lo contó ella y Huamanga (tu colega hoy), los roteques que te acompañaban aullaban junto a la “vieja guatona” que, supongo era la protagonista. Y eso trae otros recuerdos, como el Kinder gnóstico, donde llevaste tus libros, diccionario, todo y al que no te llevamos mas, después de que unos niños te echaran cola fría en las orejas. Lo bueno fue que en ese Kinder te pidieron matrimonio por segunda vez y te diste tus buenos besos, según me cuentas ahora, con Marcelo. La primera pedida ¿fue con Ruminot?, no sé, era en el Kinder de la tía Mercedes, tan hermosa, buena y sabia ella, que entendió que llevar colación era una lata para ti y te la compraba todos los días, para- ¡oh, sorpresa!- cobrármela toda en la primera reunión. No sé, ¿o tal vez con la tía “Di”, a la que querías imitar, seguro que por su fineza, que yo nunca he tenido, y donde el papá pasó la tremenda vergüenza, el primer día que te fue a buscar y habías arrancado la perchita para pegarle a unos niños que te molestaron? No sé, se me confunden esos episodios.

Negrita, Perlita Pura de corazón, Chanchita, Dulcinea, Heidi, Anita, tía Di, Momitichamigotocha, ya me duele la mano de tanto escribir…pero hay tanto que me falta. Continuará. Cariños de:



Mamá, Pedro, El Abuelo, Foca, Vieja de m…(a los 13 o 14), Amiga, (hasta los 11 o 12), mamili y todas las que necesites. Ahí estoy, estuve y estaré. Te cedo a los demás y siempre lo he hecho sin celos (tal vez con Elvert si…), porque lo que tengo de ti es solo mío y te comparto con gusto, porque los demás no pueden perderse de estar con esta persona despierta, centrada, amorosa y sabia en que te has convertido. Sonia.

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