El Sábado pasado fuimos con el Fabián al Valle Nonguén, andábamos en busca de un lugar para celebrar "el evento". La cosa es que visitamos el Rincón campesino, comimos pastel de choclo, delicioso, pero muuuuy grande y más encima acompañado de sopaipas con chancho en piedra...quedamos con la wata redonda, en fin...
...luego, como estabamos fente al zoológico, aprovechamos para ir a dar un vistazo, pero después de mirar unas cuantas jaulas, que por lo demás distan muchísimo de parecerce al hábitat de los animales que las ocupan, sobretodo en lo relativo al espacio -muy reducido- nos dimos cuenta de que en el lugar se respira depresión. ¿ Pero cómo no?, si por dar un ejemplo: el cóndor, que se caracteríza por ser el ave voladora más grande del mundo, ¡no puede volar! y se limita a estirar sus alas, yo creo que tratando de que no se le atrofien las pobres.
Algunos animales incluso, apenas se mueven, con una evidente desesperanza aprendida con los años de encierro, miran a los visitantes con desgano, dan unos gemidos, que parecen que pidieran eutanasia y se duermen. Los que se encuentran acompañados por sus pares, se ven un poco mejor de ánimo, pero los que sufren aislamiento, mal, mal.
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